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Libro "La No conformidad y los arrebañados"

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31/5/16

Esclavos de las palabras

A cualquiera que escribe, comunica con palabras, o ha dicho algo arriesgado, alguna vez se detuvo a pensar en la máxima “El hombre es esclavo de sus palabras”.
Haciendo a un lado toda interpretación metafísica, se podría decir que no es de las palabras que somos esclavos, sino de las personas que se aferran a ellas ignorando nuestra característica mas evidente: cambiamos permanentemente.
Cada vez que leemos o escuchamos a alguien, estamos reproduciendo un hecho pasado, podemos tomarlo para nosotros, ya que es casi seguro que ese haya sido el fin de registrarlo, podemos amarlo u odiarlo, pero se suele caer en  una enorme falta de responsabilidad y percepción, al asumir que un escritor u orador son inmunes al paso del tiempo, y su constante e intrínseco flujo de información nueva.
La flexibilidad de la razón es un reflejo de inteligencia infinitamente superior al manejo de la lógica. Nuestras mentes no son rocas, y sin embargo, existen personas que hasta se enorgullecen de su mentes estáticas.
Es sabido que, entre los vicios de la mente, la búsqueda de seguridades es uno de los mas perniciosos. Se hace de todo para evitar que las cosas cambien y nos movilicen, se deforma, se inventa, se esconde, se violentan los recuerdos hasta crear una realidad pasada completamente nueva.
Apresar una persona a sus palabras es otro intento desesperado por matar al mensajero, si es que no queremos. escuchar lo nuevo que tenga que comunicar, le recordamos sus palabras pasadas para silenciar las presentes. También es una forma de construir nuevos altares, en caso de que las palabras sean tan hermosas que les construimos un cerco para jamás perderles.
Las palabras se toman o se ignoran, pero en ningún caso se las debe utilizar para crear entes que nos eleven o atormenten. Cuando el presente es superado por estos entes, la vida termina, se empieza a vegetar.
No va a faltar quien utilice este argumento para enterrar palabras crueles, y rogar perdón. Alguien así no debería ignorar que tal actitud denotaría que aquellas palabras siguen dentro suyo, porque para cambiar de opinión basta ser flexible, pero para cambiar la esencia… eso es otro mundo.

Las palabras expresan, las personas deciden aprisionarnos en ellas.
No hay nada a que aferrarse que no suponga un futuro final, excepto el presente y el cambio, estos dos son los mejores amigos que un ser humano pueda tener.
– Dijiste que eras feliz.
-Lo era.
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